Recientemente tuve la oportunidad de visitar la exposición David Hockney 25 en la Fondation Louis Vuitton de París.
David Hockney, uno de los artistas más influyentes del siglo XX y XXI, repasa en esta muestra las obras más significativas de los últimos 25 años de su carrera, al tiempo que vuelve sobre algunas de sus piezas más icónicas de las primeras etapas de su trayectoria.
En un mundo donde la innovación suele asociarse con la juventud, el artista británico nos ofrece una importante lección sobre creatividad, adaptabilidad y aprendizaje continuo a lo largo de la vida.
Algo que me llamó la atención es que, a los 71 años, Hockney comenzó a experimentar con el arte digital, primero con su iPhone y posteriormente con su iPad. Lejos de ver la tecnología como una barrera, la adoptó como una nueva herramienta expresiva. Dibujaba directamente con los dedos sobre la pantalla, capturando paisajes, retratos y escenas cotidianas con una inmediatez difícil de lograr con los medios tradicionales.
Lo más fascinante de esta historia no es solo el resultado artístico, sino su actitud mental: una apertura constante a lo nuevo, una curiosidad inagotable y una disposición a reinventarse. Su paso al arte digital no representó un rechazo a la tradición, sino una evolución natural, impulsada por el deseo de seguir creando, explorando y compartiendo.
💡 En tiempos de transformación digital acelerada, Hockney nos recuerda que la edad no es un obstáculo para reinventarse. La clave está en mantener viva la curiosidad y las ganas de aprender.
